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Materials per la història de l'Ateneu // 6

A partir de la tardor de 1983 va començar a publicar-se La Cabra, una revista editada dins de l’Ateneu Popular 9 Barris que va recollir moltes de les coses que van passar en el projecte durant els anys centrals de la dècada dels vuitanta. El nom de la Cabra volia fer referència als ramats que en aquells dies encara pasturaven en els vessants de la Serra de Collserola propers a l’Ateneu, expressions d'una vida camperola que es desenvolupava en els límits entre la muntanya i els últims barris d'una ciutat. La portada d’aquest primer número de la Cabra, que va ser repartida gratuïtament, incloïa un manifest generacional on es feia una al·lusió directa a la composició social majoritària de les i els joves que dinamitzaven culturalment aquests barris en aquells dies: fills i filles de l'emigració rural arribada a Barcelona entre finals de la dècada de 1940 i començaments de la de 1970: Mi padre cambió el arado por una llave inglesa. Y yo he cambiado su perolo de cobre por una guitarra eléctrica. Porque soy urbana y radical. Me mola el asfalto, la gente, el carajillo, la electricidad. Luces, luces, luces. ¡Sube el volumen! Esto va a empezar...

No obstant això, aquesta afirmació de ser part d'una nova cultura urbana, va conviure durant alguns anys amb un interès profund per reivindicar el valor natural de la propera serra de Collserola, després de la degradació a la qual s'havia vist sotmesa en acabar l'intens cicle de construcció i urbanització de Nou Barris des de la dècada de 1950. A la quarta pàgina d'aquest primer número de la Cabra trobem una crònica de la 1ª Acampada Urbana, una experiència impulsada per la joventut de Nou Barris que va significar un retrobament amb la naturalesa propera a l’Ateneu, un compromís amb la defensa del territori i l'aparició de nous valors i inquietuds al barri.

 

Acampada Urbana

El 15, 16 y 17 del pasado mes de Julio, en plena canícula, un grupo de intrépidos-as, aventureros-as, nos propusimos ocupar la cima de nuestra montaña: el castillo de Torre Baró.

En esos días intentamos recordar como eran esas lomas antes de que fueran devoradas por los bloques de pisos; como eran sus arboles, sus caminos y fuentes, y constatamos, como nunca tan pocos hicieron tantos destrozos en tan poco tiempo.

Quisimos darle un aire festivo a nuestra aventura, invitando a todos los vecinos-as de nuestros barrios, jovenes y adultos, niños y mayores. Para todos había un poco de todo (el presupuesto no daba para más): música, baile, cine, charlas, talleres, juegos, excursiones, etc.

Pero no fue nada fácil. Tuvimos que enfrentarnos a cantidad de peligros y animales de todas clases, sobre todo en la Administración, curioso parque zoológico donde se encuentran los más raros especimenes (parece mentira que aún existan monstruos sin civilizar ocupando cargos importantes). Yo no sé si es que les faltaba inteligencia o es que eran demasiado listos, el caso es que no acertaban a entender la importancia que le dabamos a nuestro proyecto.

Afortunadamente pudimos conseguir un buen número de personas de diferentes tribus y clanes (grupos y entidades en lenguaje urbano) que pusieron toda su voluntad para poder llevar a cabo esta aventura: Las Asociaciones de Vecinos de Prosperitat y Roquetas, el Ateneo Popular de 9 Barris, los Casals de Joves de Roquetas, Torre Llobeta y Prosperitat, el Comité Anti-Otan de 9 Barris, el Esplai Verdúm, el Grupo ecologista Brezo, y la Radio Farigola. Gracias a ellos pudimos plantar nuestras tiendas de campaña en ese rincón de la Sierra de Collserola tan olvidado que es Torre Baró en los 9 Barrios.

Como somos muy tozudos vamos a continuar nuestra odisea hasta que vuelva a estar viva nuestra montaña. Queremos que se vuelva a llenar de arboles, arbustos, flores y pajaros y que desaparezcan las latas, basuras...

Que las fuentes y caminos vuelvan a su antigua normalidad perdida, permitiendo el paseo y la excursión.

Pero no es cosa sencilla. Donde antes se enriquecieron las inmobiliarias a base de construir pisos y pisos y de no dejar un trozo de terreno en condiciones, hoy, como parece que ya no se venden tantos pisos, los muy cabrones se dedican a construir viviendas para los muertos. Si, nichos, nos estan llenando la montaña de nichos. En cementerio de Cerdanyola ya asoma por la vertiente contigua a Canyelles. Si subimos a la parte alta de ese barrio podremos contemplar el macabro espectaculo de bloques de cemento que se comen la vida para almacenar la muerte.

Nuestra próxima aventura será esa, parar la ciudad de los muertos, que la montaña sea para el disfrute de los vivos.

Necesitaremos vuestra ayuda.